Por fin va bien. El proyecto avanza, la relación funciona, la oportunidad ha llegado,… Y justo entonces, no antes, haces algo que lo pone en riesgo. Llegas tarde a la reunión importante. Dices lo que no debías. Dejas de responder justo cuando alguien empieza a acercarse de verdad.
Después te preguntas por qué. Y la respuesta no es mala suerte. Es un patrón con nombre: autosabotaje.
Qué es el autosabotaje (y por qué no es «falta de disciplina»)
El autosabotaje es la tendencia a obstaculizar, en gran medida de forma insconsciente, la consecución de tus propias metas, relaciones u oportunidades, justo cuando están más cerca de cumplirse.
No es pereza. No es falta de fuerza de voluntad. Es una estrategia de protección que en algún momento tuvo sentido: si tú mismo/a provocas el fracaso, controlas cuando y cómo llega. Si esperas a que llegue solo, no controlas nada, y esa falta de control es, para muchas personas, más intolerable que el fracaso en sí mismo.
El autohandicap: por qué el cerebro prefiere fallar a medias que arriesgarse del todo
Crear de forma anticipada un obstáculo para el propio rendimiento es muchas veces la mejor opción para nuestro cerebro, ya que así atribuye el posible fracaso a ese obstáculo, no a la propia capacidad.
No estudiar hasta la noche anterior de un examen importante. Llegar sin haber dormido a una entrevista decisiva. Empezar un proyecto grande sin dejarse tiempo real para hacerlo bien. En todos los casos, el mecanismo es el mismo: si sale mal (por ejemplo: no estudié lo suficiente) duele mucho menos que «lo hice lo mejor que pude y no fue suficiente».
Es una protección real. El problema es que protege la autoestima a corto plazo al precio de sabotear el resultado a medio plazo.
Las formas más comunes de autosabotaje
Si lo que más reconoces es la voz que comenta y juzga cada cosa que haces, eso tiene su propio desarrollo en autocrítica excesiva. El autosabotaje es, muchas veces, esa voz convertida en acción.
El miedo al éxito: la cara menos hablada del autosabotaje
Se habla mucho del miedo al fracaso. Pero se habla mucho menos de su contrario, el miedo al éxito. Y puede ser igual o más paralizante.
Si consigues lo que quieres, cambian las expectativas. Cambia lo que se espera de ti. Cambia, a veces, cómo te ven las personas de tu entorno: con más distancia, con más exigencia, y a veces, con envidia. Para alguien cuya autoestima ya es frágil, sostener el éxito puede dar tanto vértigo como no conseguirlo nunca.
Hay una conexión directa con el síndrome del impostor: sentir que no merece lo que consigues es exactamente ese patrón. El autosabotaje puede ser la forma de evitarlo. Porque si nunca llegas del todo, nunca tienes que mostrar que lo mereces.
Cómo empezar a romper el patrón
El patrón no se rompe con más disciplina. El patrón no es disciplina. Se rompe reconociéndolo mientras ocurre.
No te saboteas porque quieres fracasar. Te saboteas porque fracasar a medias, por tu propia mano, duele menos que arriesgarte del todo y que no sea suficiente.
Cuándo pedir ayuda profesional
No es un patrón que se rompa de un día para otro decidiéndolo, porque actúa de forma automática y muchas veces fuera de la conciencia. Pero sí es un patrón que se transforma con trabajo constante, hasta que deja de decidir por ti en los momentos que más importan.
Merece la pena buscar apoyo si notas que este patrón se repite en distintas áreas de tu vida, si sientes que las cosas buenas «no te duran», o si ya has identificado el patrón por tu cuenta pero no consigues romperlo solo.
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